viernes, 23 de enero de 2009

Ahí

Estás ahí, tendida en su cama, lo ves y pasas tu mano por su cintura; lo abrazas. Están ahí, lo sientes, y cierras los ojos, recuerdas lo que fue y te sumerges en esos recuerdos. Es inevitable, convivieron tanto tiempo. Se cuidaban uno al otro. Como olvidar su mirada, tierna y penetrante, su sonrisa perfecta para ti, caminaban juntos, tocabas su mano suavemente, muy lentamente, cuando de pronto, sentías escalofríos y te encantaba la sensación. Pasaron los años y siguieron así, cada día. Ahora lo hueles, percibes su olor, está ahí presente, en la sabanas, en cada centímetro de piel, en cada poro, inhalas fuerte como si el olor se fuera a ir y no quieres exhalar; Quieres que se quede, tenerlo todo para ti. Tu cuerpo te pide que lo expulses, es inevitable. Lo haces. Aún tus ojos están cerrados, pero percibes con todos tus sentidos. De pronto otro recuerdo; humedeces tus labios y recuerdas esa sensación: aún cerrados los ojos, están ahí frente a frente, sientes su agitado corazón, inclinan sus cabezas y sientes esos labios, suaves, cálidos, que invitan a muchas cosas... los quieres, los sientes, disfrutas cada recuerdo como si fuera presente. Ahí estás, abrasas su almohada, oliendo lo que aún queda, abres los ojos y tú lo ves, nadie más. Te sonríe con esa sonrisa, esa que mirabas horas y horas, de pronto te llama y tú, tú cierras los ojos y te aferras a él...

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